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jueves, 28 de febrero de 2019



CONOCER


Puedo decir y digo que no me has conocido.
Si, está bien, hemos pasado muchas cosas juntos pero no me has conocido.
Te sabes mi cumpleaños, el nombre de mis padres, de mi perro, mi color favorito, el animal que sería si pudiese elegir.
Sabes el super poder que me encantaría tener, los tres deseos que le pediría a un genio y hasta las seis cosas que me llevaría a una isla desierta.
Sabes lo que opino de ciertos temas, sabes que me encanta bailar y que, a pesar de hacerlo bien, no lo hago a menudo.
Como escribir.
Por eso se que no me has conocido.

Conocer a una persona es saber que canción necesita cuando está preparándose para salir pero no se le ve muy motivada.
Conocer a una persona es saber qué cara pone cuando está cansada y quiere irse a casa.
Conocer a una persona es saber qué necesita después de haber hecho el peor examen de su vida y dónde celebrarlo cuando le ha salido genial.
Es hacer cena para uno y hacer un poco más porque, aunque te haya dicho que no, al final, siempre tiene hambre.
Es saber a dónde se iría si necesitase estar sola y dejarle que vuelva cuando ya no necesite estarlo.
Es saber en qué sentido tienes que mover los dedos para acariciarle el pelo y que se duerma.
O para que se corra.
Es saber que cerveza pedir cuando ha tenido un mal día o a que restaurante de comida rápida llamar cuando a ninguno le apetece cocinar.
Es, también, saber cual es el vestido o falda que mejor le queda pero animarle a poner otra cosa para que se de cuenta que no es cuestión de la prenda, sino de la persona que la lleva.


Que a todas nos encanta el negro y sabemos que nos favorece pero a veces que te digan que el pantalón rojo que has comprado hace un mes y solo te has puesto una vez es justo lo que hoy necesitas, eso es conocer a alguien.

Conocer no es escuchar y memorizar.
Conocer es escuchar y analizar.
Y después actuar.

Porque todo esto de lo que hablo yo no te lo digo porque no se pregunta,no hace falta,
se ve.
Esas cosas de las que hablo se van adquiriendo del día a día.
Nunca se conoce del todo a una persona.

Mis gustos van a cambiar, y tú te darás cuenta.
Y esto es así porque no voy a dejar de crecer. De evolucionar.

Por eso creo que, lo más importante de conocer a alguien, para mí, es despertarme todos los días con ganas de seguir haciéndolo.

Que no me sacie nunca.









sábado, 23 de febrero de 2019




Ayer me dijeron:


N: Si tienes suerte pillas el bus.

A lo que yo respondí, por pura inercia, sin apenas pestañear, algo que llevaba en la punta de mi lengua mucho tiempo.

Yo: Pues yo no suelo tener buena suerte.

Y ahí la cagué. Con perdón.

Cogí el bus del que hablaba, y la vida me cerró la boca.
Y no por eso, el bus me da igual, sino porque lo que me esperaba al bajar de él era otro tema.

Empecé a pensar, y mira que tuve tiempo.
Un tren y varios buses después, apenas sin batería, llegué a mi destino final
La cama que tanto ansiaba.

Y vi esta imagen:


Y me dí cuenta.
Me di cuenta al llegar a casa, echarme en la cama y pensar en el día de ayer.
Creo que la suerte no consiste solo en que te salga todo bien, en que te toque la lotería o en encontrarte dinero por la calle, suerte también es llegar a casa muerta después de tanto viaje y pensar que volvería a repetir el trayecto porque ha merecido la pena.

Suerte es poder compartir una cerveza contigo y conocerte un poquito más.
Y también es suerte, que me quieras conocer.

En resumen y para concluir diré que la clave es ser la suerte de alguien y que ese alguien se sienta afortunado de tenerte.















Nos acostumbramos a lo cotidiano.
Ese edificio que ves todos los días y ya no te sorprende.
Esa escultura extraña que ya ni intentas darle un sentido.
Ese precioso parque al lado de tu casa que pasas de largo.
Cuando pasas por la misma calle una y otra y otra vez ni te molestas en alzar la vista porque
 ''te la sabes de memoria".

A mí me pasó algo parecido con Venecia.
Ese año había paseado por sus puentes, me habia perdido por sus calles, habia descubierto pasadizos que no aparecian en Google Maps, muchas veces, más de las que pensé llegar a poder hacerlo.
Se podría decir que "me la sabia de memoria".

Habia olvidado la parte poetica que tiene esa ciudad, la belleza de cada esquina, los besos de las parejas en cada puente, porque me habia acostumbrado.

Pero un buen día, ellas, decidieron hacerme una visita.
Y yo les mostré la ciudad.
Teniaís que haber visto sus caras.
Qué brillo en los ojos.
Es contagioso, lo juro.

Me olvidé que habia estado más veces y me dejé llevar, con ellas.
Y nos perdimos.
Pasasmos por el mismo puente 7 veces y hasta le pusimos un nombre.


Fue entonces cuando caí en la cuenta de muchas cosas.

Y una de ellas es que nunca acabas de conocer una ciudad

ni espero nunca dejar de conocerlas a ellas.

Porque, no lo he dicho pero, cuando hablaba de Venecia, hablaba de la amistad.


Esas personas que están siempre ahí, y muchas veces damos por sentado.

No deberíamos hacerlo, no deberíamos nunca acostumbrarnos a la amistad.











Hay noches que no te imaginas 
cómo acaban.
Hay personas que hacen 
que no quieras que se acaben
esas noches.


Hay días,después de esas noches,
que no imaginas con quién
los vas a pasar.


Hay días después de días
(después de esas noches)
que sabes que no los querrías pasar 
con nadie más.






martes, 29 de enero de 2019






ME HE DADO CUENTA QUE
QUIEN TE QUIERE EN SU VIDA
HACE POR TENERTE.
LO HE VISTO EN MI.
EN LO QUE HAGO POR TENERTE CONMIGO.










BRAILLE


Cuando algo me emociona
lo escribo.
Se me encoge el alma,
deshago
los nudos de la garganta
y me siento.
Del verbo sentir.

Esto que estás leyendo es
una forma de interpretar
el braille de mi piel
cuando se eriza.














LA MONTAÑA.


Nacemos pensando en la idea de un principio que conlleva a un final más que conocido. Mantenemos hasta bien mayores la idea de que tenemos que recorrer un camino y llegar a un destino.
Y empieza desde que tus padres te enseñan a caminar. Mamá te suelta y vas caminando hacia papá. Y te sientes protegido.
La vida no es sentirse protegido. La vida es arriesgar.
La vida es una montaña.
Empiezas a vivirla cuando tomas la decisión de afrontarla, cuando te acercas a sus pies, miras a arriba y su inmensidad no te hace dar marcha atrás sino que te atrae, te empuja.
Eso que desde fuera se ve minúsculo y facil de superar cuando te toca de lleno cambia.
Te cambia.
Y cuando decides adentrarte ya has dado el mayor paso de tu vida. 

Cuando vemos una montaña pensamos en caminar para llegar a la cima. Cueste lo que cueste.
Nos olvidamos de nuestros pulmones, de que ya, a cierta altura, nos va costando más respirar.
De pronto, cuando crees que no puedes seguir, que hasta aquí, que prefieres descansar, miras a tu izquierda, luego a tu derecha y los ves.
Ahí estan.
Nunca han dejado de estar. 
Te levantas, te limpias las heridas y sigues hacia delante.
Y te das cuenta que lo importante no es llegar a la cima y ya está, lo importante es el camino y quién está contigo y te ayudar a avanzar, a alcanzar la cumbre sin hacerse notar. Porque su propósito no es llegar a ser reconocido por acompañarte, sino que lo que realmente les importa es si lo logras tú.

Por todo esto no podemos olvidar una vez que estemos allí arriba a los que hicieron todo porque fuese posible.