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martes, 29 de enero de 2019






ME HE DADO CUENTA QUE
QUIEN TE QUIERE EN SU VIDA
HACE POR TENERTE.
LO HE VISTO EN MI.
EN LO QUE HAGO POR TENERTE CONMIGO.










BRAILLE


Cuando algo me emociona
lo escribo.
Se me encoge el alma,
deshago
los nudos de la garganta
y me siento.
Del verbo sentir.

Esto que estás leyendo es
una forma de interpretar
el braille de mi piel
cuando se eriza.














LA MONTAÑA.


Nacemos pensando en la idea de un principio que conlleva a un final más que conocido. Mantenemos hasta bien mayores la idea de que tenemos que recorrer un camino y llegar a un destino.
Y empieza desde que tus padres te enseñan a caminar. Mamá te suelta y vas caminando hacia papá. Y te sientes protegido.
La vida no es sentirse protegido. La vida es arriesgar.
La vida es una montaña.
Empiezas a vivirla cuando tomas la decisión de afrontarla, cuando te acercas a sus pies, miras a arriba y su inmensidad no te hace dar marcha atrás sino que te atrae, te empuja.
Eso que desde fuera se ve minúsculo y facil de superar cuando te toca de lleno cambia.
Te cambia.
Y cuando decides adentrarte ya has dado el mayor paso de tu vida. 

Cuando vemos una montaña pensamos en caminar para llegar a la cima. Cueste lo que cueste.
Nos olvidamos de nuestros pulmones, de que ya, a cierta altura, nos va costando más respirar.
De pronto, cuando crees que no puedes seguir, que hasta aquí, que prefieres descansar, miras a tu izquierda, luego a tu derecha y los ves.
Ahí estan.
Nunca han dejado de estar. 
Te levantas, te limpias las heridas y sigues hacia delante.
Y te das cuenta que lo importante no es llegar a la cima y ya está, lo importante es el camino y quién está contigo y te ayudar a avanzar, a alcanzar la cumbre sin hacerse notar. Porque su propósito no es llegar a ser reconocido por acompañarte, sino que lo que realmente les importa es si lo logras tú.

Por todo esto no podemos olvidar una vez que estemos allí arriba a los que hicieron todo porque fuese posible.




















Podría escribir el momento preciso en el que se me partió


en dos

el pecho

cortando tajante el corazón.

Podría decir el minuto exacto en el que me volví quebradiza

y no podía tenerme más
en pie.

Pero no podría recordar

ni a punta de pistola

los momentos felices que viví con alguien que me hizo todo lo anterior.






Diferencias.


La posesión crea necesidad.
La necesidad crea adicción.
La adicción crea dependencia.
La dependencia te hace perder la autoestima
y sin autoestima...

¿Quién te crees que eres?

La autoestima crea confianza.
La confianza crea amor.
El amor crea.
Así, sin más.
La posesión destruye.