✈

sábado, 23 de febrero de 2019





Nos acostumbramos a lo cotidiano.
Ese edificio que ves todos los días y ya no te sorprende.
Esa escultura extraña que ya ni intentas darle un sentido.
Ese precioso parque al lado de tu casa que pasas de largo.
Cuando pasas por la misma calle una y otra y otra vez ni te molestas en alzar la vista porque
 ''te la sabes de memoria".

A mí me pasó algo parecido con Venecia.
Ese año había paseado por sus puentes, me habia perdido por sus calles, habia descubierto pasadizos que no aparecian en Google Maps, muchas veces, más de las que pensé llegar a poder hacerlo.
Se podría decir que "me la sabia de memoria".

Habia olvidado la parte poetica que tiene esa ciudad, la belleza de cada esquina, los besos de las parejas en cada puente, porque me habia acostumbrado.

Pero un buen día, ellas, decidieron hacerme una visita.
Y yo les mostré la ciudad.
Teniaís que haber visto sus caras.
Qué brillo en los ojos.
Es contagioso, lo juro.

Me olvidé que habia estado más veces y me dejé llevar, con ellas.
Y nos perdimos.
Pasasmos por el mismo puente 7 veces y hasta le pusimos un nombre.


Fue entonces cuando caí en la cuenta de muchas cosas.

Y una de ellas es que nunca acabas de conocer una ciudad

ni espero nunca dejar de conocerlas a ellas.

Porque, no lo he dicho pero, cuando hablaba de Venecia, hablaba de la amistad.


Esas personas que están siempre ahí, y muchas veces damos por sentado.

No deberíamos hacerlo, no deberíamos nunca acostumbrarnos a la amistad.







No hay comentarios:

Publicar un comentario