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sábado, 23 de febrero de 2019
Ayer me dijeron:
N: Si tienes suerte pillas el bus.
A lo que yo respondí, por pura inercia, sin apenas pestañear, algo que llevaba en la punta de mi lengua mucho tiempo.
Yo: Pues yo no suelo tener buena suerte.
Y ahí la cagué. Con perdón.
Cogí el bus del que hablaba, y la vida me cerró la boca.
Y no por eso, el bus me da igual, sino porque lo que me esperaba al bajar de él era otro tema.
Empecé a pensar, y mira que tuve tiempo.
Un tren y varios buses después, apenas sin batería, llegué a mi destino final
La cama que tanto ansiaba.
Y vi esta imagen:
Y me dí cuenta.
Me di cuenta al llegar a casa, echarme en la cama y pensar en el día de ayer.
Creo que la suerte no consiste solo en que te salga todo bien, en que te toque la lotería o en encontrarte dinero por la calle, suerte también es llegar a casa muerta después de tanto viaje y pensar que volvería a repetir el trayecto porque ha merecido la pena.
Suerte es poder compartir una cerveza contigo y conocerte un poquito más.
Y también es suerte, que me quieras conocer.
En resumen y para concluir diré que la clave es ser la suerte de alguien y que ese alguien se sienta afortunado de tenerte.
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